|
HORACIO
FERNÁNDEZ INGUANZO:
IN MEMORIAM
Por
José María Laso Prieto
El 21 de febrero de 2001 se cumple el quinto
aniversario del fallecimiento de Horacio Fernández
Inguanzo. Es difícil, en un breve artículo, dar cuenta de
su amplia personalidad. No obstante, la necesidad de honrar debidamente
su memoria ,
nos impulsa a emprender la tarea. Destaca, ante todo, su faceta de luchador
antifascista profundamente comprometido en lograr el restablecimiento
de la democracia en España. Recuerdo que al presentar en Asturias
sus Memorias, el histórico dirigente
del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), Gregorio López
Raimundo, manifestó repetidas veces que consideraba a Horacio Fernández
Inguanzo como el más excelso ejemplo de
luchador, en el combate que durante cuatro décadas libró
el Partido Comunista de España por el restablecimiento de la democracia
en nuestra patria. Para López Raimundo, fue muy de lamentar que
Horacio no hubiese tenido oportunidad de escribir sus Memorias, ya que
nos hubiesen proporcionado lecciones y experiencias verdaderamente aleccionadoras.
Basándose en su propia experiencia llegaba Gregorio a la conclusión
de que las Memorias del dirigente comunista asturiano habrían sido,
sin duda, una de las más interesantes de las publicadas. No obstante,
nuestro conmemorado nos legó abundante documentación, constituida
por muy diversos textos políticos, notas, datos y observaciones
sobre la base de los cuales podría lograrse que sus experiencias
y lecciones se incorporasen al acervo común del dramático
historial de la lucha de los comunistas en nuestro país. Tal tarea
ha sido asumida por la Fundación Horacio Fernández Inguanzo,
recientemente constituida, en la cual el profesor Benigno Delmiro Coto
elabora su parte biográfica, mientras que los amigos de Horacio,
Juan Fernández Ania y José Manuel Nebot González,
se encargan de la recogida de testimonios y de fotografías.
Tal tarea de investigación y, en su momento de publicación,
es tanto más necesaria como consecuencia de un fenómeno
político al que no se ha prestado la debida atención. No
hemos reflexionado suficientemente, ni reaccionado debidamente, ante el
hecho de que uno de los aspectos más negativos de la actual situación
política y cultural española radica, sobre todo, en la pérdida
de la memoria histórica colectiva. Pérdida no sólo
derivada de los intentos que, para borrarla y neutralizarla, se realizaron
durante las cuatro décadas de la dictadura franquista y de la forma
peculiar en que se realizó la transición a la democracia
en España sino también de una maniobra deliberada tendente
a diluir y disipar el recuerdo de las luchas que en España se libraron,
en durísimas condiciones, para conseguir la recuperación
de la democracia y avanzar por la senda de la emancipación social
de los trabajadores. Esta pérdida de la memoria histórica
afecta, sobre todo, a las nuevas generaciones, dificultando su comprensión
de la situación política y social.
Afortunadamente, en el PCE no faltaron
ejemplos de luchadores sacrificados y con una dignidad y entereza a toda
prueba. Y no sólo entre los que realizaron el supremo sacrificio
de ofrendar su vida por la causa, como es
el caso de Jesús Larrañaga,
los asturianos Casto García Rozas y Cristino
García, Agustín Zoroa, Julián Grimau y tantos otros
que se podrían citar, sino también el de supervivientes,
tras duras torturas y largos años de cárcel,
como es el caso de Simón Sánchez Montero,
Miguel Núñez, Santiago Álvarez, Sebastián
Zapiraín, Romero Marín, José Sandoval, etc.
Sin embargo, entre quienes tuvimos la oportunidad de tratarles, existe
unanimidad general en considerar que en la figura de Horacio Fernández
Inguanzo se producía una síntesis verdaderamente excepcional
de entrega a un ideal, espíritu de sacrificio, entereza, dignidad,
modestia y dotes pedagógicas. Si bien su vocación pedagógica
inicial reflejada en los sacrificios que tuvo que realizar para estudiar
Magisterio y su actividad docente en el Orfanato Minero se frustró
por el estallido de la guerra civil, supo sustituirla por una labor permanente
de pedagogía política que tuvo honda repercusión
entre los comunistas asturianos, en particular, y entre los demócratas
antifascistas en general. Y es que Horacio no enseñaba sólo
con la palabra sino también con el ejemplo de la constante aplicación
a la práctica política de sus cualidades de idealismo humanista,
perfectamente equilibradas con sus convicciones propias del materialismo
filosófico y su entusiasmo por la causa. El hecho de que fuese
conocido, cariñosamente, en Asturias con el calificativo de "El
Paisano", término que en la región asturiana adquiere
matices entrañables, difícilmente captables fuera de su
ámbito geográfico, tipifica en él sus cualidades
de hombre bueno, entero, honesto y cabal, que sólo alcanzan personas
con las que el pueblo sintoniza plenamente. Por otra parte, tal sintonía
es en gran parte producto del hecho de que Horacio Fernández Inguanzo
realizó siempre sus tareas con la sencillez de quien se limita
a cumplir con el más elemental de los deberes. También fue
Horacio un ejemplo de sinceridad en la aplicación de la política
de Reconciliación Nacional y de superación de los odios
y rencores engendrados por la guerra civil. De ahí la gran valoración
que de su personalidad realizaron todas las fuerzas democráticas
de Asturias, y que alcanzó su expresión más sentida
al producirse su fallecimiento. Es muy meritorio, y significativo, que
por toda la su trayectoria, se le otorgase a Horacio la Gran Cruz del
Mérito Constitucional

|