Al
presentar en Asturias su obra de memorias "Primera Clandestinidad",
el histórico dirigente del Partido
Entre lo más negativo de la actual situación política y cultural está la pérdida de la memoria histórica Tal tarea de investigación y, en su momento, de publicación, es tanto más necesaria como consecuencia de un fenómeno político al que no se ha prestado la debida atención. No hemos reflexionado suficientemente, ni reaccionado debidamente, ante el hecho de que uno de los aspectos más negativos de la actual situación política y cultural española radica sobre todo en la pérdida de la memoria histórica colectiva. Pérdida no sólo derivada de los intentos que para borrarla y neutralizarla se realizaron durante los casi cuarenta años que duró la dictadura franquista -y de la forma peculiar en que tuvo lugar la transición de la democracia en España- sino también de una maniobra deliberada tendente a diluir y disipar el recuerdo de las luchas que en España se libraron -en durísimas condiciones- para lograr la recuperación de la democracia y avanzar en la senda de la emancipación social de los trabajadores. Esta pérdida de memoria histórica afecta sobre todo a las nuevas generaciones, dificultando su compresión de la situación política y social. De ahí la relevancia que adquiere el hecho de que en un órgano del Partido Comunista de España se rinda el debido homenaje a un prototipo de luchador tan ejemplar como el que constituyó Horacio Fernández Inguanzo.
Si bien su vocación pedagógica inicial -reflejada en los sacrificios que tuvo que realizar para estudiar Magisterio y su actividad docente en el Orfanato Minero- se frustró por el estallido de la guerra civil española- supo sustituirla por una labor permanente de pedagogía política, que tuvo honda repercusión entre los comunistas asturianos en particular y entre los demócratas antifascistas en general.Y es que Horacio no enseñaba sólo con la palabra sino también con el ejemplo de la constante aplicación a la práctica política de sus cualidades de idealismo humanista, perfectamente equilibrado con sus convicciones propias del materialismo filosófico y su entusiasmo por la causa. El hecho de que fuese conocido cariñosamente en Asturias con el apelativo de "el Paisano", término que en la región asturiana adquiere matices entrañables difícilmente captables fuera de su ámbito geográfico, tipifica en él las cualidades de hombre bueno, entero, honesto y cabal, que sólo alcanzan personas con las que el pueblo sintoniza plenamente.
Todas las fuerzas políticas valoraron siempre su personalidad, más allá de los límites protocolarios. También fue Horacio un ejemplo elocuente de la sinceridad de los comunistas al aplicar la política de Reconciliación Nacional, que superaba la divisoria de la línea que habían trazado las trincheras de la guerra civil para ser sustituida por la de quienes se aferraban cerrilmente a la dictadura y la de quienes optaban por la democracia. Todo el mundo pudo percibir que Horacio había interiorizado de tal modo el sentimiento de reconcilación nacional que ello se manifestaba en todas las facetas de su humanísima personalidad. De ahí la gran valoración que de su personalidad realizaron todas las fuerzas políticas democráticas de Asturias y que alcanzó su expresión más sentida al producirse su fallecimiento. Entonces el dolor por tan sensible pérdida fue general en Asturias y rebasó los límites protocolarios entre las fuerzas propias del arco parlamentario asturiano. En contraste con los personajes que sólo sirven para los duros períodos de excepción, y al normalizarse la vida ciudadana se sienten frustrados y se automarginan, Horacio Fernández Inguanzo supo dar continuidad a su vida política actuando magistralmente como diputado popular. Al contrario de los denominados "diputados cuneros", Horacio recorrió Asturias por carreteras, caminos y "caleyas", recogiendo los problemas, inquietudes y demandas de sus paisanos, para llevarlos al Parlamento y luchar enérgicamente para que se lograsen sus aspiraciones. Fue una forma más de demostrar sencillamente su ejemplaridad, en una situación de normalidad democrática |